En motores con turbo, apagar el coche de forma brusca produce que la turbina deje de girar de golpe y ya no recibe aceite lubricante. Esto puede causar un desgaste acelerado de los rodamientos y daños en el sistema turbo.
El flujo de aceite interno se interrumpe justo cuando se presiona la llave de paro, dejando partes sin lubricación en un momento crítico.